El castellano viejo
(En El pobrecito hablador, 11 Dic, 1832)

1. Introducción: referencia a lo poco que le gustan las invitaciones fuera y a la obligación en que se ve de aceptar una por mantener la amistad.
2. Encuentro con Braulio y narración de la comida en su casa.
a) Encuentro fortuito con Braulio que le saluda violentamente y le invita al día siguiente a la casa por ser “sus días”. Se prepara velada con música. Acepta por obligación.
b) descripción de Braulio como hombre de clase media acomodada, que defiende sus costumbres sólo por ser suyas, sin aceptar nada que venga de fuera. (así es la mayoría de la clase media y toda la clase baja) Desecha cualquier gesto de cortesía y de suavidad en el trato. Sólo acepta la franqueza y la campechanía.
c) Larra se viste disimulando su habitual pulcritud, y procura llegar tarde
d) Visitas interminables y charlatanas que vienen a felicitarle: retraso en la preparación de la mesa, porque en la casa no se come en la mesa habitualmente.
e) caos en la mesa: lugar estrecho; torpeza en el servicio; reproches de Braulio a su mujer por lo que no está a punto –ella culpa a las criadas-; final desastroso cuando el trinchador deja caer el capón, el capón tira el vino, el criado corre a la cocina y se choca con la criada que trae otros platos… además otros muchos momentos desagradables: hábitos poco higiénicos de los comensales.
f) para remate le hacen recitar.
g) Sale ensalzando los exquisitos y finos platos de la cocina francesa/ inglesa y renegando de los castellanos que comen en mesa sólo en días especiales y que creen agradar con sus fiestas, cuando en realidad mortifican a los invitados.

3. Reflexión. La reflexión final contempla las diferencias entre las personas del país por su diferente forma de ver las cosas:
- unos educados, (los que piensan) que aceptan las normas de una cortesía, a veces falsa que suavice las relaciones entre las personas (educación “libre y desembarazada” ¿a la francesa?)
- otros que, sin costumbres corteses, se tratan violentamente, pero quizá mantienen sentimientos auténticos entre ellos (¿a la española?)

© del texto: Mª Teresa Cantero Garrido.


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