El café
(En El duende satírico del día. Febrero, 1828)

1. Introducción (gusto por observar del autor; avance de lo que espera ver)
2.Primera observación: oye conversaciones ridículas sobre política. Todos hablan como si fueran protagonistas de t2. odos los conflictos (petulancia de este siglo), pero dicen disparates.
3. Más allá habla un literato: Don Marcelo denuncia la pedantería ignorante y ridícula con que en un folleto se critica un “Diario de avisos” que sin duda merece crítica por el descuido con que se redacta. El problema es que Don Marcelo, hombre que se las da de crítico inteligentísimo, modelo de escritor ejemplar para la patria, peca también de pedantería vacía e inútil. Exclama D. Marcelo, lleno de autosatisfacción: “Pobre España”, refiriéndose a la falta de preparación del folletista. Pero el autor, que investiga sobre D. Marcelo averigua que es un farsante huido de otra ciudad española por asuntos económicos turbios. Y Larra exclama también: “Pobre España”. (Tantos hombres que presumen de su talento, pero en realidad tan farsantes, y tan poco útiles… En boca de D. Marcelo, era una ofensa la exclamación “Pobre España”)
4. Repaso rápido a otros tipos del café:
*un militar camuflado con su “prima”;
*un fumador que ostenta vanidoso su cigarro;
*un rumboso parroquiano que invita a todos siempre, pero no da limosna a una
necesitada a la que maltrata
*un lechuguino – hombre muy bien vestido- que tiene una deuda que se amplía
cada día, al que el camarero no se atreve a negar el servicio.
*un “revendedor” de entradas para la ópera que se aprovecha del camarero para su
“negocio”.
*un mozo del bar al que sorprende aguando la leche.
*un hombre muy mayor que estaría mejor en su casa, enviciado con el billar…
5. Conclusión que saca de estas observaciones: la vida es “ilusión…”

© del texto: Mª Teresa Cantero Garrido.


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